PARÁBOLAS

Apenas conocí a Juan advertí que  tenía el vértice tan lejos del 0 de las coordenadas cartesianas que costaba dibujarlo y sólo podía ser representado por su ecuación numérica. Mis ramas, en cambio, se extendían simétricas al eje de las ordenadas, yo era una de esas curvas con las que los estudiantes aprueban exámenes: sencilla,  previsible y bastante aburrida. 

Desde el principio, sabíamos que nuestros trayectos no se cruzarían y sin embargo lo intentamos, le pusimos empeño.

Quedó inconcluso el Teorema de los Espacios Curvos  en donde  postulábamos que todas las líneas convergen en algún lugar del universo.

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