La naturaleza me celebra,
envuelve el tiempo en las crisálidas
y lo deja eclosionar
para que aletee mi festejo.
He escuchado la voz de las vertientes
que me hablaban de resurrecciones
y de hendiduras pétreas.
He
confiado
en las migraciones de los pájaros
para calibrar los relojes
y predecir el retiro de Venus.
He
aprendido a descarriar
el sendero de los vectores sin retorno
para honrar el agasajo de las madreselvas
y el perfume de las palabras.
Le agradezco a los árboles
que cabeceen con mi ritmo,
que dancen con pie descalzo
y me recuerden las rondas de la infancia.
Todos están invitados
al banquete que me ofrecerá la luna,
otra vez madre,
sobre su vientre luminoso y henchido.
Todos están invitados,
como rayos de un mismo haz,
a estrecharse en el abrazo
que me regalará el universo
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