Las peludas mejillas del barquero del lívido pantano, cuyos ojos rodeaban las llamas, se calmaron.
CANTO
III EL INFIERNO LA DIVINA COMEDIA DANTE ALIGHIERI
–¡Eh chico! ¿No sabes en dónde puedo conseguir un lanchero? –El niño, a la distancia, vocifera que ahí está Catón o Carol, no escucho bien, señala a un viejo que se encuentra sobre una lancha y sale corriendo.
Llegué anoche, no he podido dormir ni una hora por los mosquitos, el calor y la dificultad para respirar. ¿Podía imaginar hace un mes que estaría en la costa esperando algún bote que quisiera cruzarme hasta las islas para saber cómo murió mi padre? Por momentos, alimento la fantasía de llegar a la otra orilla y encontrarlo vivo aunque el periódico fue contundente: ”El 8 de noviembre, a la tarde, en un hecho policial confuso ocurrido en Las Lechiguanas, falleció Jose Paridi”. ¿Cuántas veces murió? La primera vez fue mamá la que disparó sobre su nombre, yo había cumplido cinco años, una mañana ella me explicó que papá ya no volvería, decidí que hablaba de su muerte y nunca más pregunté por él. Mucho después, en la adolescencia, mi madre me gritó: –Más valdría que estuviera aquí para aconsejarte en vez de andar boyando por el mundo –Entonces descubrí que aun vivía en algún sitio desconocido.
–Señor ¿me puede cruzar?
El viejo gruñe: – No llevo a turistas
–Soy el hijo de Jose Paridi. ¿Lo conoció usted? –Recién entonces me mira.
–Aquí nadie es desconocido ni inocente
–¿Y? ¿Me va a transportar?
–Sólo cruzo a isleños, en una hora llega otra lancha. ¿Por qué mejor no se vuelve? Va a encontrar peces y mimbres, nada más.
–Necesito saber qué le pasó a mi padre. Me quedaré una semana.
–Eso mismo dijo José Paridi hace veinte años –El anciano arranca el motor y enfila hacia las islas.
–Señor ¿Cuál es su nombre? –De pronto siento una imperiosa necesidad de que me responda. Gira la cabeza y, desde lejos, dice:– “Carito “–o algo parecido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario