DE VIAJE

Los árboles se desplazan veloces,

las aves se precipitan en la puesta del sol

y las casas nómades disputan con el viento.

 

Tantos años llevo sobre este tren.

Me han surcado ríos que buscan sus nacientes

y cascadas que desafían la gravedad.

 

Por la ventana miro el escape de las flores,

sus audaces ramilletes que emigran

lejos de la voracidad del invierno.

 

Los túneles ensombrecen mis vagones,

huyen con la oscuridad sobre su lomo

y el olor del musgo resiste en el olfato.

 

Por este espacio veo  pasar el universo.

La totalidad habita los límites del marco

y puedo escuchar el aliento de una estrella.

 

Si extiendo la mano palpo el aire,

me laceran sus púas, su áspera piel,

el caótico apuro que lo habita con tierra.

 

Saludo a los niños y a los  pájaros,

les pregunto por su próxima parada

y me responden sus risas y sus trinos.

 

Los hombres con jornal gris y portafolio

son devorados por  andenes inciertos

y su anonimato se aloja en mi memoria.

 

Hoy añoro mi rumbo de estaciones ruidosas

con aromas de grasa, torta de vainilla,   

el ácido sudor de los overoles y las frituras.

 

Mientras aguardo que mi tren arribe,

viaja el tiempo con celeridad, no se detiene,

en algunos pueblos hace sonar su silbato

                                                        y sigue.

 

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